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domingo, 8 de febrero de 2015

Faroles a mediodía

Si nos referimos a textos fundamentales de la Filosofía, Friedrich Nietzsche ocupa una posición privilegiada tanto por el valor de sus ideas como por un estilo narrativo brillante. El Aforismo 125 de La gaya ciencia será el primer esbozo de este autor genial, aunque indudablemente no será el último: 

“El loco: ¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!». Como precisamente estaban allí reunidos muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron enormes risotadas. ¿Es que se te ha perdido?, decía uno. ¿Se ha perdido como un niño pequeño?, decía otro. ¿O se ha escondido? ¿Tiene miedo de nosotros? ¿Se habrá embarcado? ¿Habrá emigrado? -así gritaban y reían todos alborotadamente. El loco saltó en medio de ellos y los traspasó con su mirada. «¿Que a dónde se ha ido Dios? -exclamó-, os lo voy a decir.

jueves, 4 de septiembre de 2014

El mito del eterno retorno: la marmota nietzscheana

El mito del "eterno retorno" constituye uno de los conceptos fundamentales en la obra de Friedrich Nietzsche. No se me ocurre mejor explicación para esta idea que la proporcionada por el novelista Milan Kundera en su obra La insoportable levedad del ser (1984). Ahora bien, si Kundera nos proporciona la explicación perfecta, la película Atrapados en el tiempo representa el ejemplo más gráfico, el más intuitivo. Tras ambos documentos, ya podréis fardar de haber comprendido el "eterno retorno" de Nietzsche:
 
 
 
"La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.
Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.
No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad".

martes, 2 de septiembre de 2014

Nietzsche en la BBC: Humano, demasiado humano

Profundizando un poco más en el interesante universo nietzscheano, hoy proponemos un excelente documental en castellano que la BBC tituló Humano, demasiado humano, en el cual se hace un repaso sobre el pensamiento, la obra y la vida de este autor imprescindible de la Historia de la Filosofía:
 
 
 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Releer a Nietzsche desde las viñetas de El roto

El pensamiento de Friedrich Nietzsche (1844-1900) constituye, sin lugar a dudas, un replanteamiento radical de todo cuanto la filosofía había sostenido a lo largo de los siglos, una suerte de "platonismo invertido", como se han atrevido a sostener algunos autores. No es de extrañar, por tanto, que el propio pensador manifestase lo siguiente en su obra Ecce homo:
 
 
"Mi nombre algún día estará ligado al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como nunca la ha habido en la Tierra, de la más profunda colisión de conciencia, de una decisión tomada, mediante un conjuro, contra todo aquello que hasta el momento se había creído, exigido o santificado. Yo no soy un hombre, yo soy dinamita".
 
Al dinamitar los fundamentos de la cultura occidental, Nietzsche legó a la posteridad un mundo repleto de incertidumbre, provocando que los grandes puntos de apoyo moral (Dios, alma, bien, verdad...) quedasen en entredicho. El nihilismo consistió, precisamente, en poner de manifiesto esa enorme falla que se abría ante el ser humano, la inquietante verdad de que no hay verdad, de que transitamos solos en un desierto de arenas movedizas.
En publicaciones anteriores ya hemos alabado la originalidad del dibujante El roto. Hoy recuperamos cuatro de sus viñetas más nietzscheanas:
 
Sobre la locura que sufrió durante los diez últimos años de vida
 
Sobre la desfundamentación, la transmutación de valores, la crítica a la metafísica y a sus grandes conceptos universales